domingo, 20 de junio de 2010

TAMBOR DE BOTIJA
Historia de instrumento de percusión de
 afrodescendientes en la costa peruana

Por: Luis Rocca

Los afrodescendientes percutieron con sus manos el tambor de botija de barro en seis localidades de la costa peruana, hasta las primeras décadas del siglo XX. Está documentado que dicho bien cultural fue utilizado musicalmente en Pisco, Chincha, Cañete, Lima, Chancay y Zaña. El Museo Afroperuano ubicado en Zaña ha logrado reconstruir en junio del 2010 el mencionado instrumento a partir de los estudios realizados por diversos especialistas y relatos orales recogidos. Es probable que en otros lugares del país puedan descubrirse otros testimonios sobre el mencionado tambor.
Por el grado de expansión del tambor de botija a partir del siglo XVIII y por la simultaneidad de su uso a fines del XIX y comienzos del XX, podemos sostener que fue un elemento cultural común de los afrodescendientes en la costa peruana. La creatividad de nuestros antepasados se expresa en la utilización de elementos y materiales que encontraban en su entorno en la vida cotidiana para darle un sentido artístico. Consideramos que el conocimiento y uso de los instrumentos musicales de los afroperuanos permiten afirmar su identidad y son elementos de unificación.

Registros sobre el tambor de botija
A continuación presentamos de manera sintética los diversos aportes en torno a la confección y usos artísticos del tambor de botija:
Fernando Romero, en su articulo “Instrumentos Musicales en la Costa Zamba”, publicado en 1939 precisó que un afrodescendiente llamado “Manongo” Avilés natural de Pisco (al sur de Lima) le informó “de un tambor hecho aprovechando unas botijas grandes con hueco debajo, el cual era tocado por un hombre montado a horcajadas en el cuello de ésta. He confirmado el dato en las tantas veces citado artículo del ‘Mercurio Peruano’. Esto parece una variedad peruana, pues no he leído que exista nada semejante en el resto de Hispanoamérica"(1). Luego indica que el señor Avilés tenía aproximadamente 70 años de edad cuando fue entrevistado. A partir del dato que el artículo fue publicado en 1939, calculamos que el informante habría nacido aproximadamente en la década del 70 del siglo XIX. 
Por su parte Nicomedes Santa Cruz recogió el siguiente testimonio de afrodescendientes de Chancay: “…se usaban dos vasijas de barro cocido con el fondo roto, las bocas cubiertas con cuero del estómago de un burro como parche. La vasija más grande se conocía como “llamador” y la otra “replicador” (2), que adornaba el ritmo de la primera.
Para lograr la tensión necesaria para afinar se ponían un pequeño brasero con corontas o bosta y el calor se aplicaba a través del lado abierto de la vasija, mientras el tocador probaba los cueros hasta que llegaban al tono deseado: profundo para el llamador y más agudo para el replicador. Estos tambores de cerámica se tocaban directamente con las manos sobre los cueros”(3)
William Tompkins, en su tesis “Las tradiciones musicales de los negros de la costa del Perú”(4) , indica que “consistía en una gran botija cónica de barro cuya boca se cubría con piel estirada que era afinada hasta conseguir la tensión deseada al calentar el interior de la vasija con brasas. Este instrumento se usó también en la cofradía de los negros bozales a fines del XVIII…”. Luego indica que: “Hasta las primeras décadas del siglo XX, este tambor de botija de barro podía hallarse en muchos lugares del Perú. Los negros de mayor edad del distrito de El Carmen en Ica nos informaron que este tambor fue usado en la hacienda San José hasta 1925 para acompañar diversos géneros de música negra, incluido el festejo. El que tocaba se sentaba al borde del instrumento”… “El tambor de San José medía aproximadamente 80 cm de largo y 40 cm de diámetro en la boca, la cual estaba cubierta con piel de cabrito muy tensada y atada con cuerdas. El poderío de este tambor era tal que podía ser escuchado a kilómetros de distancia”.
Por su parte Chalena Vásquez en su trabajo de campo hizo una entrevista al profesor Sánchez de San Luis de Cañete en 1978, quien le informó sobre el tambor de botija; “el músico se sentaba a horcajadas –a caballo- sobre la tinaja para percutir”(5) . También Chalena en uno de sus artículos sobre los instrumentos musicales afroperuanos informa sobre el tambor de botija.  
El autor del presente artículo, anteriormente en el libro “La Otra Historia”(6) publicó un testimonio de doña Rosa Campaña en Zaña. Ella dijo: “Antes bailaban el tondero, pero dicen que antes tenían una botija. Eran botijas grandes y les templaban cueros. Con esa música bailaban las señoras antiguas. Sabían bailar el tondero. La botija era antes como tambor…”
Por su parte el viejo artista zañero Juan Leyva nos dijo en la década del 70 del siglo pasado un refrán:
“Chivo que rompe tambor
con su propio cuero lo paga”
Agregó que es una indicación al percusionista para que toque más despacio, porque si lo hace muy fuerte se puede romper el cuero y entonces tiene que pagarlo con su propio dinero. Agregó que del chivo se hacía el tambor en Zaña. El mencionado refrán también lo hemos escuchado en otros países.

Uso inicial de las botijas
Según los testimonios recientes recogidos en Zaña, las mencionadas botijas servían para guardar y transportar vino o pisco.
La señora Concepción Suárez Romero (7) de 84 años, quien en su corral tenía tres tinajas de barro cocido, (una entera y dos rajadas) en entrevista realizada el primero de junio del 2010, nos informó que en ellas se traía vino a Zaña. Las trasladaban en barcos a los puertos del norte. Agregó que después del consumo del vino, en las casas de Zaña las usaban como vasija para guardar el agua y que la conservaba fresca. La parte inferior de la tinaja se hundía en la tierra del corral para mantenerla fija. También dijo que ella ya no las empleaba porque tenía actualmente un depósito de plástico grande. La señora Suárez proporcionó una de sus botijas al Museo Afroperuano.
Nuestra hipótesis es que dicha botija fue confeccionada a fines del siglo XIX o comienzos del XX.
Las medidas de las botijas de barro encontradas en Zaña se aproximan a las que son descritas por Tompkins. Solamente hay que agregar que el espesor de las botijas es de dos centímetros a dos centímetros y medio, lo cual permite que no se filtre el licor y pueda conservarse. Dichas botijas eran resistentes. También describe la señora Suárez que en la parte superior tenían una tapa. Es decir, se transportaba el licor en vasijas totalmente cerradas.
En el Museo Afroperuano está en exhibición la copia de una antigua fotografía de Eugene Courret (8) , del siglo XIX en donde se ve a un afrodescendiente echando un líquido sobre una larga botija cónica en una casa limeña.
Todos los testimonios coinciden en señalar que el tambor de botija se usaba hasta las primeras décadas del siglo XX. A nuestro criterio el proceso de extinción se explicaría por los siguientes factores: a) El envase y traslado del vino de las zonas de producción hacia los consumidores tuvo una modificación. Las botijas de barro fueron cambiadas por botellas de vidrio y b) luego en las zonas rurales de la costa, el uso de las botijas cónicas para guardar agua fue cambiado por depósitos o baldes de plástico de diversos tamaños.
Es probable que las tinajas de barro cocido, (con las características mencionadas) tengan su origen en las campiñas en donde se preparaba vino y pisco, en la costa peruana.

La reconstrucción del tambor de botija
Son varios los instrumentos musicales de los afrodescendientes que se han extinguido. Es un desafío su rescate, revaloración y difusión.
Coinciden varios autores en precisar que las botijas que se usaban para la percusión, eran “desfondadas” en la parte inferior. Debemos tomar en cuenta, que por su forma cónica dicha parte era de diámetro más pequeño.
Investigadores del Museo Afroperuano de Zaña conjuntamente con los jóvenes Carlos Urbina Romero y Enmanuel Briones Balcázar(9) lograron reconstruir dos tambores de botija(10).
Los materiales o elementos que se requieren para la reconstrucción del tambor de botija de barro son cinco.
1) La botija de barro. Algunos sostienen que dicha vasija se hacía con “barro cocido”, otros sostienen que se trata de arcilla. Es cuestión que algún especialista examine el material.
2) El cuero de ganado. En el caso de Zaña se ha reconstruido usando cuero de chivo que fue secado al sol. Primero se echa sal encima y se clava los extremos del cuero sobre una pared, a fin “que le caiga el sol y se seque” durante dos o tres semanas según explicaron los vendedores de cuero. La confección del tambor se ha hecho conservando los pelos. Según nos informaron gradualmente se irá pelando hasta quedar el cuero solo. Luego de la experiencia de confección se recomienda que se use cuero “de chivo viejo”. Se ha verificado que el uso de cuero de animal tierno, sencillamente se raja al ser percutido, ya que el borde del cuero puede abrirse por la fricción con el barro cocido.
3) Tres aros de fierro. Fueron preparados con varillas largas de fierro que luego fueron llevadas al herrero conjuntamente con la botija y el cuero. Dichas varillas las transformaron en aros. Dos de los aros sirven para sujetar el cuero en la parte superior de la soga. El tercer aro sirve para ser colocado en la parte media de la botija. (hay que tomar en cuenta que en la mayor parte de haciendas costeñas ha habido herrerías). En el caso de la experiencia de reconstrucción de tambores se hicieron los aros en una herrería de la zona de Cayaltí (11) (dicha localidad antes fue una hacienda cañera). En la actualidad hay varios herreros independientes en dicho lugar.
4) Se utiliza soga de cabuya (vegetal), es decir sogas antiguas gruesas. Estas sogas permiten sujetar el cuero y los aros.
5) Guano o estiércol para templar los cueros. Los dos jóvenes que tienen experiencia de trabajo en el campo, utilizaron guano, panca seca de choclo y paja. Se hace brasa sobre tierra y luego se coloca encima la botija. Con el calor, el cuero se va estirando. El procedimiento es tan efectivo que en un momento se infla levemente el cuero. En esos momentos se aprovecha para jalar y templar el cuero. Se ajustan las amarras. Inclusive en el proceso de templado de cuero se puede percutir  para apreciar las variaciones del sonido.
Los dos tambores reconstruidos están en exhibición en el Museo Afroperuano de Zaña. El primero fue presentado en público el 4 de junio del 2010 en conmemoración del Día de la Cultura Afroperuana y el segundo el 10 de junio del mismo año.
Las medidas del primer tambor confeccionado son las siguientes: la boca superior tiene 42 centímetros de diámetro y la abertura inferior tiene 25 centímetros. El largo mide 67 cm.
Interrogantes
Es importante que los especialistas en etnomusicología, los investigadores de nuestra cultura afroperuana y los artistas profundicen los estudios sobre el mencionado instrumento porque quedan algunas interrogantes.
1) ¿A qué se debe la mayor potencia del sonido del tambor de botija en comparación de otros membranófonos que se percuten con las manos?
2) ¿Qué tipos de melodías se tocaban con dichos instrumentos en las diversas culturas afroperuanas de la costa?
3) Una vez ya construido el tambor de barro no es fácil transportarlo, por su peso. Además se corre el peligro que se caiga y se quiebre. Es decir, queda la interrogante de ¿si solamente servía para ser usado en lugares fijos y no para desplazamientos, marchas o comparsas?
4) Además de las seis localidades mencionadas ¿en que otras partes del país se percutía el tambor de botija?
Respecto al probable uso musical del mencionado instrumento en los nuevos tiempos, quedan varias interrogantes para los especialistas en la materia y los artistas de la percusión. Por ejemplo: ¿Será posible que el tambor de botija, pueda ser usado por las nuevas generaciones? ¿Podría ser usado conjuntamente con los instrumentos modernos? ¿Qué impactos generaría su potente sonido?
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Notas:
(1) Romero Fernando. “Instrumentos Musicales en la Costa Zamba”, en Revista “Turismo”. Touring Automóvil Club Peruano. Lima. Marzo 1939. Año XIV. Nro 137. El texto hace referencia al Mercurio Peruano. Probablemente corresponda a la publicación del 19 de junio 1791. Esto último falta verificar.
(2)Podría denominarse “repicador”.
(3) Nicomedes Santa Cruz, “Su Majestad el Cajón”, El Comercio. Lima 1970, dominical (14 Diciembre1969; 15 de marzo 1970; y 3 de mayo 1970) según la referencia a Santa Cruz (sobre el tambor de botija), que hace Tompkins en su tesis p. 79.
(4)Tompkins, William David. “Las tradiciones musicales de los negros de la costa del Perú”. Tesis doctoral. 1981. Traducción al español de Raquel González Paraíso y Juan Luis Dammert E. Lima-Perú. CEMDUC. Centro de Música y Danza de la PUCP. 1982, p 78-79
(5)Comunicación de Chalena Vásquez al Museo Afroperuano el 8 de junio del 2010.
(6)Rocca Luis. La Otra Historia, Memoria colectiva y canto del pueblo de Zaña. Lima-Perú. Servicios Gráficos Aúrea S.R.L. (Instituto de Apoyo Agrario) 1985. p 276. (La entrevista fue realizada en 1975, pocos años después la señora Rosa Campaña que vivía en la calle Independencia falleció).
(7)Entrevista a doña Concepción Suárez Romero, el 1ro de junio del 2010 en su domicilio en la calle Independencia en Zaña-Chiclayo.
(8)Eugene Courret de nacionalidad francesa fue uno de los precursores de la fotografía en el Perú. En la segunda mitad del siglo XX hizo varios registros fotográficos de afrodescendientes. En uno de ellos se encuentra la imagen de la botija cónica. El original se encuentra en la Biblioteca Nacional del Perú. Una copia está en exhibición en el Museo Afroperuano de Zaña.
(9)Los dos jóvenes Carlos Urbina y Enmanuel Briones realizan trabajo rural, es decir tienen raíces campesinas y son familiares de destacados artistas de Zaña. Carlos es nieto de Medardo Urbina Sánchez conocido como “Tana” y Enmanuel es sobrino de Hildebrando Briones uno de los mejores decimistas del norte del Perú. El padre de Enmanuel es músico también. La sabiduría del trabajo de campo y la tradición artística son elementos que han contribuido mucho para que los dos jóvenes puedan contribuir a reconstruir el tambor de botija. Estos factores son importantes para valorar los conocimientos de los pobladores rurales.
(10)El proceso de reconstrucción ha sido registrado en tres videos por Giselle Burga Polo y Javier Exposito,en junio del 2010 y ha sido difundido a través de los sitios virtuales del Museo Afroperuano y en Youtube.
(11)En las principales haciendas de la costa peruana, había un espacio o local dedicado a la sección mecánica o herrería. En el caso de Cayaltí que está a poca distancia de Zaña, había una hacienda de mucha importancia. En la actualidad Cayaltí es un distrito. Actualmente hay varios herreros y soldadores Dos de ellos con mucha habilidad y destreza hicieron los aros.

Se puede ver el proceso de reconstrucción y escuchar el sonido del tambor de botija en los siguientes videos:
Video 1: Reconstrucción del tambor de botija
Video 2: Sonidos del Tambor de Botija
Video 3: Tambor de botija y jarana





Danny Rivas y Carlos Urbina percuten los tambores de botija que fueron reconstruidos. Foto: S. Arteaga



Jarana en Zaña con tambores de botija. Foto: S. Arteaga



Escuchando el  sonido de los tambores de botija. Foto: S. Arteaga

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